SEGUIREMOS HABLANDO
Muchos amigos me han preguntado, una vez conocidos los resultados, si compensa la experiencia de ser candidato. Yo les contesto que, si se refieren a la salud, la respuesta es que no. Me considero un hombre trabajador, pero una campaña pone a prueba los límites de la resistencia. Así pues, absténganse de probar los que no estén dispuestos a entregar el tributo de horas de sueño, ronqueras, alteraciones gástricas, dolores musculares y demás secuelas del trabajo político, de las que todavía me estoy reponiendo.
Ahora bien, si la pregunta atañe al aspecto humano, la cosa cambia. Quizá la campaña de los grandes partidos sea menos emotiva porque las ideas ya son más o menos conocidas por la gente. En nuestro caso, se trataba de predicar una idea novedosa, llevada por un partido de gran solera y hoy poco conocido, de la mano de un candidato novato y una lista formada por amateurs de la política. La primera duda que te asalta es si eso que estás transmitiendo tiene su base en la sociedad, o es una lucubración de un grupo de ilusos. Sales a la calle, organizas un acto, conectas el teléfono de la sede, cuelgas tu página web, y esperas la respuesta a esa terrible incógnita.
La que obtuvimos se resume en una palabra: emocionante. No me cabe duda de que muchas personas que se vieron reflejadas en los mensajes de moderación, coruñesismo, centrismo, sucumbieron después ante la marea de los partidos consolidados. El voto útil, que en ocasiones no lo es tanto, hizo su trabajo y perjudicó a las formaciones más modestas. No me quejo de eso porque forma parte de las reglas del juego. Afianzar un proyecto nuevo, fresco y entusiasta, es un proceso lento que requiere constancia.
Estoy seguro de que los miles de coruñeses que nos votaron y los que no nos votaron pero sienten simpatía por este proyecto, no quieren que estas ideas se archiven. Sigo creyendo que el mapa político de La Coruña, de Galicia y de España es demasiado limitado, tanto que encorseta a la sociedad en opciones rígidas y hace que grandes capas de la sociedad se inhiban de la participación política y electoral. Miro el ejemplo de otros países europeos y constato que en muchos de ellos el sistema tradicional de partidos quebró, dando lugar a formaciones nuevas que ya no repiten los viejos tópicos. En esos países también hubo pioneros como nosotros, y agoreros que les pronosticaban un fracaso tras otro. A la vista está quiénes se equivocaron.
¿A qué conclusión me lleva todo esto? A que hay que perseverar en las ideas que defendimos por las calles y plazas de La Coruña durante esta campaña. Estaremos ausentes del consistorio, pero se ha abierto un resquicio para el centrismo, el galleguismo razonable y el coruñesismo abierto. Esos tres mil ochocientos vecinos que nos votaron, y los que nos siguieron con interés, no se merecen que los dejemos solos. Vamos a seguir con ellos, organizándonos lo mejor que podamos y colaborando con los proyectos que tomen forma en la política local y regional.
Me temo que en esta batalla he perdido un poco de salud. A cambio, he ganado confianza en los coruñeses. En una campaña te conoce mucha gente, y conoces a mucha gente. He conocido a cantidad de personas generosas, entusiastas, que no se resignan a lo mismo. Me he dado cuenta de que existe la política de la ilusión, y una ilusión política en cantidad de ciudadanos. A todos ellos les doy las gracias por las lecciones que me han dado y que espero haber aprendido.




